Publicado por Alberto de Jesús en la revista "Bous al Carrer" el 1 de enero de 2008.
Hay un lema escrito en sangre que habla sobre el riesgo de prohibir, sobre esta frase compuesta sólo de dos palabras se han escrito canciones, poesías, libros y cientos, o quizá miles de titulares. Es una frase que es un lema y que todos deberían conocer.
¿Quién es nadie para decir “esto debería de estar prohibido”? Los límites de la intolerancia de las personas a veces llega a la raya de la desesperación ya que NADIE tiene derecho a imponer a los demás su propio concepto de moral, ni una sociedad tiene el por qué permitir todo, ni por qué prohibir lo que les gusta a una mayoría o minoría. Habrá quien odie la pesca porque le clavan un anzuelo a un pez y lo dejan morir asfixiado, pero sin embargo disfrutan comiéndose un buen pescado; los habrá que les guste la carne y sin embargo odien que tengan que matar a los cerdos electrocutados o a los corderitos degollados; habrá quien disfrutará comiendo marisco y por otra parte, se le pondrán los pelos de punta cuando piense que los han echado vivos en agua hirviendo; los habrá que defiendan a muerte a los animales y tendrán en sus casas a un pajarito encerrado en una jaula o a un gato, o un perro castrado o atado. En fin, eso es la doble moral de la excusa del “pero es que...”
El tema toros sí, toros no, no es nada nuevo, nosotros, al igual que todos los medios taurinos, tocamos este tema muy a menudo porque da mucho de sí y porque cada día urgen nuevas valoraciones al respecto.
Hay mil y una opiniones a favor de la fiesta de los toros, lo mismo que habrá mil y una en contra, lo que es seguro es que hay cientos de minorías que viven y obtienen beneficio de su trabajo de la fiesta del toro, directa o indirectamente, como son los carniceros, transportistas, fabricantes de pienso, ganaderos, mayorales, carpinteros, herreros, veterinarios, empresarios, toreros, areneros, porteros, imprentas, hoteles, restaurantes, televisiones, prensa, pintores, escultores, fotógrafos, diseñadores, arquitectos, constructores, Hacienda, aseguradores, etc.
Lo que está claro es que la gente no deja de acudir a las plazas de toros, incluso cada día acuden más jóvenes a pesar de que los políticos prohíben, otra vez esta horrible palabra, la entrada de los menores de 14 años a las plazas de toros.
Les recomendaría que prohíban los programas de puterío y morbo de los horarios infantiles, que prohíban en los telediarios imágenes de desgracias y cuerpos hinchados o destrozados y que prohíban los videojuegos agresivos de guerras y muerte donde el ganador es el que más mata.
Lo que está claro es que tiene que estar prohibido prohibir.
Alberto de Jesús.