Publicado por Alberto de Jesús en la revista "Bous al Carrer" el 1 de diciembre de 2007
La fiesta taurina tiene su raíz en la perpetuación de esta tradición de generación en generación, pero, sobre todo, en la siembra de esta afición en sus principales herederos, los niños. En esta actualidad que nos toca vivir, parece que los toros no gocen de buena imagen, pero sólo parece o por lo menos eso intentan hacernos ver, esta imagen distorsionada con toda intención más bien es por intereses políticos y personales que por otra cosa, pues la realidad es muy distinta, la verdad es que cada vez se hacen más festejos taurinos tanto en las plazas como en las calles, y cada vez es más frecuente el ver a niños jugando a toro en cualquier esquina. Y esa es la auténtica realidad de esta fiesta, lo demás es pura demagogia.
Con esta imagen de los niños jugando con unos pitones se perpetúa de nuevo la tradición a una nueva generación que nos superará en festejos y calidad, y que se encargará de traspasar, de nuevo, esta fiesta a sus descendientes, continuando con esta cadena que ya dura miles de años, siendo junto a la música, las aficiones más prehistóricas que se han conservado.
Son muchos los niños, en muchos lugares del mundo, los que se fabrican unos cuernos con un palo o un carretón para poder correr con él tras sus amigos, y en muchos lugares de este país y otros es su juego favorito. Entre ellos mismos se organizan concursos de recortes, encierros o toros embolados, y no hay imagen más bella para un aficionado que ver a unos pequeños disfrutando con tal cosa, incluso son muchos los que en las escuelas aprovechan los recreos para pegarse unos recortes.
Lo más bonito de todo es la cara de felicidad y satisfacción que se les queda cuando han corrido delante de unos cuernos de mentira con la misma impresión como si lo hubieran hecho delante de un Miura. Tal vez sólo es el principio de lo que les espera en el futuro, ser los guardianes y transmisores de esta tradición, lo mismo que lo somos ahora todos los mayores.
La fiesta taurina no perjudica la mente de los niños como nos quieren hacer ver los oportunistas, todos nosotros y miles de generaciones anteriores hemos crecido con esta afición y no nos consideramos tipos raros, ni tenemos traumas que hayan impedido nuestro desarrollo emocional. Más preocupante es el ver jugar a niños a la guerra, el comprarles armas de fuego aunque sean de plástico, o video juegos tan agresivos como los que se pueden encontrar hoy en día. Eso sí creo que puede dañar y confundir la realidad emocional y la personalidad de un menor, y sin embargo, esto se permite hasta extremos insospechados camuflados en la ley tras un imperio de millones de euros.
Mientras, en otros países otros niños inocentes juegan también a la guerra pero con otra perspectiva, porque es lo que ven cada día en sus calles, muertes y violencia, y crecen con ella. Y sabemos de sobra que cuando sean mayores se convertirán en guerreros o en mártires. Al mismo tiempo, en nuestras calles nuestros niños seguirán jugando a toros, una afición sana y pura como hace más de tres mil años.
Alberto de Jesús.